Polar y Regional: Divide y vencerás, por Blanca Vera Azaf

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A propósito de la diatriba creada entre Empresas Polar y Cervecería Regional, Blanca Vera Azaf, periodista de la fuente Economía de El Nacional escribió el siguiente artículo titulado “Polar y Regional: Divide y vencerás”, publicado en el portal Analitica. En el texto hace referencia a una estrategia del Gobierno “para enemistar a estas dos empresas”, la cual asegura se inició cortándole la materia prima a Polar y otorgándole a la pequeña Regional.

A continuación el artículo completo:

“Divide et Impera” dice el antiguo proverbio romano. Estos conquistadores que llegaban a tierras lejanas no siempre eran muy numerosos; sin embargo, parte de su estrategia para imponer su poder consistía en sembrar rencores entre la gente de un mismo pueblo. Los odios sembrados terminaban surtiendo el efecto deseado y dentro de las divisiones creadas, los romanos lograban su ardid y se imponían sobre los demás. Si nos fijamos bien, esta táctica sigue siendo utilizada por quienes -a través del poder- pretenden imponer su supremacía; tal y como lo hace el chavismo. No hay mejor muestra que la diatriba creada entre Empresas Polar y Cervecería Regional. Dos iniciativas privadas, familiares, de capital venezolano, y que crean empleo para miles de familias de este país.

Pocas veces se ha visto un asedio a una compañía privada por parte de un gobierno como el que ha sido diseñado e impulsado contra Empresas Polar. Dentro del plan absolutista impulsado por Hugo Chávez la iniciativa privada no tenía cabida. La razón era más que obvia: No podía permitirse que la libre empresa financiara iniciativas políticas distintas al chavismo. El gobierno –y no el Estado-se convirtió en el dueño, administrador y enterrador de cientos de empresas que fueron apagándose hasta terminar siendo unos cascarones vacíos.

Entre 2002 y 2012 hubo 1.243 intervenciones a la propiedad privada, según Conindustria. El tipo de actividad económica abarcaba de todo: Empresas, estacionamientos, galpones, fincas, locales e inmuebles residenciales, y pare usted de contar.

En ese período, la orden de expropiación de Chávez abarcó desde negocios pequeños a  multinacionales como el Banco de Venezuela, que formaba parte del grupo español Santander; las cementeras Cemex, Lafarge y Holcim, Sidor, la red de supermercados Cadena Éxitos, Cantv, Electricidad de Caracas, Exxon Mobil, Statoil, Total y Chevron.

Si queremos otra cifras tenemos que sólo en 2009 se registraron 374 intervenciones; ciertamente fue el año en el que con mayor frecuencia se produjeron, según el Observatorio de la Propiedad Privada.

La historia no ha sido muy distinta con el gobierno de Nicolás Maduro. Si hubiera empresas que expropiar o nacionalizar continuaría esta política, el problema es que ya casi no queda nada. De allí la hambruna que ha hecho que los ciudadanos de menos recursos económicos, es decir, casi toda la población ahora tenga que someterse a la humillación de que los Comités Locales de Abastamiento y Producción, mejor conocidos como a los Claps, repartan la poca comida que llega.

Ante un ambiente tan irascible hay que agradecer a ese grupo de empresarios venezolanos que han seguido apostando y creyendo en el país, a pesar del asedio constante del gobierno. No es exagerado decir que a Lorenzo Mendoza y a su familia esta nación le debe que su férrea voluntad no haya decaído y continúe invirtiendo y pagando sueldos a trabajadores de esta patria.

Para ello se necesita convencimiento y también una dosis de patriotismo. Valores que no tuvieron  por ejemplo, los dueños de medios tradicionales como la Cadena Capriles y El Universal. Ellos se sometieron y entregaron sus empresas a testaferros del gobierno, dejando huérfanos a cientos de fieles trabajadores y cambiando por billetes verdes un derecho irrenunciable como lo es la libertad de expresión.

Lorenzo Mendoza se mantenido en píe aguantando el vendaval; defendiendo su empresa con garra, como debe ser cuando se ha trabajado duro y de manera honesta por un patrimonio familiar que ahora es de todo el país.

Pero ese mismo valor también está presente en Andrés Cisneros, quien dirige Cervecería Regional. Este joven -que pasa desapercibido, sin ánimos de llamar a atención- impulsa junto con sus hermanos esta compañía que forma parte del Consorcio Cisneros.

Es importante aclarar que Gustavo Cisneros, presidente de Organización Cisneros, rompió hace ya varios años relaciones comerciales con su hermano Ricardo y cada uno decidió tomar caminos distintos. Los hijos del segundo se quedaron en Venezuela, con bajo perfil y sin hacer mucho ruido.

Quienes nos empeñamos en seguir en este país sabemos que con odios no se construyen felicidades;  de allí que los pecados del padre no se le pueden achacar a los hijos; mucho menos los del tío. Pensar que la conducta de la tercera generación Cisneros es un gen atávico resulta no sólo simplista sino radical e injusto.

La cebada ha sido el objeto del distanciamiento de estos dos empresarios venezolanos. Uno controla 80% de la producción de cerveza en Venezuela, el otro el 20% restante. No hay un tercero entre los dos. Sólo pequeñas iniciativas artesanales que poco respiro tiene ante una economía colapsada.

Y como en el gobierno de cinismo se sabe mucho, la estrategia para enemistar a estas dos empresas se inició cortándole la materia prima a Polar y otorgándole a la pequeña Regional. Permítanme decirle que en algunos momentos ambos empresarios comieron el anzuelo y dejaron que la cizaña hiciera de las suyas. La coerción del gobierno tuvo su efecto a través de un infeliz comunicado el año pasado de Cervecería Regional indicando que tenía suficiente materia prima, lo que fue leído por Polar como una muestra de poco solidaria al sector y distanció a ambas manufacturas. Una con cebada, y la otra no.

Hablemos claros: el mundo empresarial no es sencillo. La competencia entre grandes, medianos y pequeños es feroz pero así son los modelos exitosos. Esos en los que la calidad se impone basados en la libre empresa sólo y tan sólo con “supervisión” -y no control- del Estado.

Otra gran verdad es que el negocio de Polar es precisamente la venta de cerveza. El control de precios a lo largo de tantos años ha ido estrangulando a esta empresa que le da de comer a los venezolanos, pues las otras que debería producir casi el 55% restante fueron expropiadas y no manufacturan suficiente alimento. Las empresas estatizadas son ejemplo de pésima gerencia, robos, triquiñuelas y pare usted de contar.

Como de ser honestos se trata, hay que decir que el presidente Nicolás Maduro le tiene miedo al liderazgo de Lorenzo Mendoza. Que no sólo se basa en la personalidad del empresario, sino en el legado que a través de su familia le han ido dejando a este país en riqueza, trabajo y oportunidades; así como en la ciencia y el conocimiento a través de su Fundación. ¿Lo de la cebada? Es sólo un castigo de Maduro hacia Mendoza por aparecer en las encuestas por encima de él.

El Presidente no entiende que el liderazgo no se impone sino que se nace con el y se cultiva a lo largo de la vida. Le molesta a Maduro que Lorenzo le explique a la gente cómo salir de la crisis, que le hable de tú a tú sin miedo al otro y que además esté empeñado en dar la pelea por lo que es suyo, por lo que le pertenece.

Las instalaciones de Alimentos Polar recibieron más de 293 inspecciones de organismos públicos en 2015, lo que significó un promedio de 36 fiscalizaciones por mes. En el 2016 el ritmo no ha cesado e incluso la amenaza de expropiación casi se hizo realidad por órdenes del ex Vicepresidente del área económica, Luis Salas –El Breve-. Dicen informaciones off the record que el estamento militar con acceso al alto poder rechazó tal decisión y logró que el presidente Nicolás Maduro no firmara el decreto expropiador.

Ante este escenario, Regional ha seguido produciendo cerveza, con altas y bajas, pues ha habido momentos en que la entrega del cereal ha sido intermitente. Para tener una idea de las necesidades de Polar y Regional hay que tomar en cuenta que mes y medio de materia prima para manufactura en Regional equivale a cuatro días de producción de Polar.

Es así como no queda duda de que para Regional sería imposible abastecer las necesidades de cerveza para todo el país. Si bien es cierto que la planta de Brahma fue adquirida por Regional, ponerla a funcionar costaría millones de dólares, eso sin contar con que esa planta está tomada desde hace más de dos años.

El conflicto por la cerveza ha llegado a un punto que los trabajadores de Regional han sido atacados e insultados en la calle. Muchos no querían vestir sus uniformes con el logo representativo por temor a que fueran maltratados.

El fenómeno de la polarización creada por el chavismo ha calado con fuerza dentro de un grupo de la población -que se califica como opositora- pero que comete actos de intolerancia y fascismo hacia la poca empresa privada que queda como si se trata del propio gobierno.

Los mensajes de odio y repudio hacia Cervecería Regional que hemos visto en las últimas semanas son una vergüenza. Mucha gente ni siquiera sabía quiénes eran sus verdaderos dueños. Fotos de botellas rotas llamaban a un boicot de la empresa que dirige Andrés Cisneros. Tan intolerante y ruda fue esta campaña contra Regional como hermosa y sentida la de Empresas Polar. La población no se dio cuenta que estaba siendo arrastrada por una nueva patraña del madurismo.

La premisa se basaba en que si a uno le dan dólares y al otro no entonces ya se convierte en enemigo. En ningún momento quienes atacaron y siguen atacando a los trabajadores de esta manufactura se han puesto a pensar que esto no es más que una estrategia del gobierno para dividir al sector empresarial.

El conflicto llegó a tal punto que la Cámara Cervecera –que existe- no fue capaz de sentar a las partes y buscar un entendimiento. Al final la cuerda siempre revienta por los más débil que en este caso fueron los trabajadores de Regional, que -al igual que los de Polar- terminaron siendo víctimas de las tácticas perversas de Maduro.

Si Lorenzo Mendoza y Andrés Cisneros tienen diferencias por la manera en cómo cada quien maneja sus relaciones con el gobierno, o porque sienten hay falta de solidaridad del otro deben sentarse y discutirlas abiertamente y no con emisarios irascibles. Ambos son jóvenes, preparados, líderes en su campo pero sobre todo hombres que crean empleos y siguen apostando por Venezuela. Ello son los ejemplos de nuestra juventud. Son la muestra de que  lo que se hereda no siempre se pierde si se cuida, se multiplica y se engrandece con esfuerzo de equipo.

Yo no me uno a la diatriba entre Polar y Regional. Yo me uno a la lucha de cada trabajador que se ve afectado por la guerra sucia de este gobierno. A esos son los que hay que proteger. Por ellos y para ellos, el sector empresarial tiene que seguir luchando en un solo equipo porque el único enemigo malsano es este gobierno destructor.

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