Guaidó vs. Maduro, antagonismo político

infografia -01Texto: Miguel Sogbi (@MiguelSogbi) y Stephanie Bonito (@TellmeStephanie) 
Diseño: María Paula Rodríguez (@MP_Roo) 

Juan Guaidó y Nicolás Maduro son desde el punto de vista del mercadeo y la comunicación política, dos productos antagónicos, que suponen para sus consumidores, una dualidad a la hora de elegir.

Uno de los aspectos que ha caracterizado esta última coyuntura política que viven los venezolanos, es la aparición de una nueva figura en la política venezolana. Juan Guaidó es el político sin desgaste, es decir no arrastra con él errores del pasado, una gestión deficiente o tachaduras personales que jueguen en su contra.

Sería inocente pensar que la selección de la figura fue al azar, como inocente sería pensar que esta historia que hoy vivimos, comenzó el 10 de enero.

En su contra, Guaidó tenía el factor del desconocimiento, barrera que fue superada rápidamente. La propia coyuntura planteada lo impulsó a un nivel de conocimiento alto, a una velocidad meteórica, para un político que recién aparece en la escena nacional. Esto no significa que no tenía trayectoria, sino que no tenía conocimiento.

Esa propia falta de conocimiento es lo que convirtió a Guaidó en el producto perfecto, para el planteamiento de una transición.

“No se nada de él, ni bueno, ni malo”. A partir de ahí se construyó una narrativa sencilla, pero poderosa. Joven y fresco;  con estudios superiores; proveniente de una familia trabajadora; sobreviviente de la tragedia de Vargas; luchador social; entre otros elementos que fueron configurando una percepción positiva en la mente del consumidor.

Esta misma frescura que enviste a Guaidó, es el chaleco antibalas que lo ha protegido de eventuales ataques del madurismo y su círculo. No han encontrado por donde atacarlo. Mientras no cometa errores, su imagen luce indestructible.

Al contrario, el chavismo en general y Maduro en particular, tienen 100% de conocimiento y una imagen profundamente desgastada, producto de dos décadas de gestión.

Incluso en gestiones buenas los años pesan, así que queda poco que hablar para la administración que carga en sus espaldas la peor economía de la región.

Hay que destacar que para un país acostumbrado a caudillos y grandes oradores políticos -Chávez era uno de ellos-,  la figura de Guaidó no se destaca por la elocuencia, pero ese atributo ha sido sustituído por otras cualidades. Es verdad, no es un gran orador, pero sí un gran comunicador.

Como vocero es disciplinado, se ciñe estrictamente a sus mensajes, que son pocos y los repite una y otra vez. Utiliza las preguntas para colocar mensajes. Se dedica a transmitir una idea única y poderosa: Venezuela será libre con el trabajo de todos y lo refuerza con un mantra político que reza cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres.

En su comunicación también busca alcanzar otros logros necesarios para lograr su cometido principal. Unir a los venezolanos alrededor del objetivo, y romper el eje dominante a través de la invitación constante a una deserción política y militar, con garantías para quienes den el paso.

Otro aspecto primordial que arma a Guaidó como un poderoso comunicador, es la adecuada utilización de los símbolos. Su vestimenta formal, es la propia de un Presidente, aspecto con el que choca radicalmente con Nicolás Maduro. No hay colores partidistas, ni gorras, ni banderas, sino el representante de una figura institucional.

Un símbolo recurrente en su comunicación es la adecuada utilización de los símbolos patrios. El podio con el escudo está presente en cualquier alocución pública, mientras que una bandera, o la imagen de Bolívar, aparecen cuando graba mensajes televisivos.

El hombre que más de medio centenar de naciones reconoce como Presidente de Venezuela, al igual que millones de venezolanos, se comunica como por naturaleza lo hace su generación. Ha hecho de las redes sociales su principal herramienta comunicacional, lo que le ha valido la ganancia de  de cientos de miles de seguidores en Instagram y Twitter. Hace transmisiones por Periscope, directos en IG, interactúa con mandatarios de naciones vecinas a través de sus cuentas, se hace un selfie en un acto público y usa etiquetas para colocar mensajes: #VamosBien #VamosMuyBien.

Esta comunicación 2.0 no solo le ha servido para sortear la censura que bloquea el libre flujo de la información en medios tradicionales, sino para conectarse con el segmento más joven de la población, que no ha conocido un sistema político diferente al actual.

Todos estos elementos contrastan con la imagen de Nicolás Maduro, un político que presenta desgaste, que no posee grandes atributos, usa poco las redes sociales, posee una narrativa que la opinión pública conoce desde hace muchos años, pero que en contraposición despliega estrategia y fuerza a la hora de asirse al poder, el cual mantiene, al menos en muchos de sus vértices, incluyendo el control de las Fuerzas Armadas y el mantenimiento de una base popular pequeña, pero aún significativa y útil para lograr su objetivo principal que es el del mantenimiento del poder.

 

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