El difícil camino a la libertad por Miguel Sogbi

el-ferrocarril-sEl ferrocarril subterráneo del autor afroamericano Colson Whitehead (Pulitzer y National Book Award, 2017) , es una novela que trata sobre la lucha intestina que algunos sectores de Estados Unidos, libraron en pro de la libertad de los esclavos y la abolición de la esclavitud en ese país.

El texto sumerge al lector en la lucha vivida por el movimiento clandestino homónimo,  que se libró a través de pequeñas batallas, cuyo único trofeo era obtener la liberación de  miles de africanos y sus descendientes, al llevarlos secretamente, y casi de uno en uno, hacia los estados libres del norte, donde finalmente dejarían de ser esclavos.

La novela, no solo narra de manera dura y descarnada, a través de sus protagonistas Cora y Ceasar la humillante y cruel vida a la que eran sometidos en las plantaciones, donde una mujer podía ser asesinada lentamente a fuerza de látigo hasta penetrarle los huesos, sino su transitar a lo largo de ese empinado camino hacia eso que llamamos ser libres.

Si hay algo que Whitehead deja claro en su planteamiento es que la libertad tiene su costo y que hay sangre en el camino que lleva a ella. Una conclusión tan dolorosa, como real.

En la Venezuela de Chávez, y muy especialmente en la de Nicolás Maduro, en la que la represión, la tortura, los asesinatos y los encarcelamientos son sistemáticos, es mucha la sangre de venezolanos  que se ha visto derramada.

Al igual que los Estados Unidos del siglo diecinueve, acá las representaciones del dolor son múltiples. Las lágrimas que enjuagan la Cromo Interferencia de Cruz Diez en Maiquetía, cada vez que un venezolano se va, dejando atrás sus afectos, son sangre; las llagas del caminante que atraviesa montañas sobre zapatos rotos rumbo a Colombia o Ecuador, son sangre; cada preso político, es sangre; un rostro ardiendo por los gases, es sangre; una espalda rociada de perdigones, es sangre; cada vida perdida, robada, arrebatada, es  mucha sangre.

En aquella América anglosajona, de hace dos siglos, la libertad se consiguió en gran medida porque el sistema en si mismo colapsó. La industria del algodón y el tabaco era tan grande y rentable, y la codicia tal, que llegó un momento en el que había prácticamente tantos negros, como blancos, entre la población.

En Venezuela también el sistema impuesto por la parte opresora, paradójicamente en nombre la libertad y la igualdad, ha colapsado por completo, solo que la proporción es de diez a uno, según las más recientes encuestas.

En el siglo diecinueve, no solo hubo sufrimiento, también se gestaron movimientos políticos como el de la England Anti-Slavery Society, que finalmente, pero tras muchos esfuerzos y traspiés,  dieron al traste con la abolición de la esclavitud, después de librar luchas propagandísticas, protestas de toda índole, y argumentos legales y libertarios, como los que protagoniza la oposición en la Venezuela actual. Aquellas luchas y toda esa sangre, no hubiesen arrojado frutos, ni reivindicado a las víctimas, sin un movimiento político de respaldo.

Hoy cuando parecemos mucho más cercanos al final tantas veces imaginado de una Venezuela libre, hay que recordar que en aquella ruta hacia la liberación de los esclavos, hubo decepciones, tristezas y quizás demasiados momentos en los que se creyó que todo estaba perdido.

Cora, la protagonista, desmaya constantemente, ve a sus afectos caer, pero hay un pulso vital que la mantiene en pie, que no le permite claudicar en el obstinado empeño por cambiar su destino.

Es en estos días,  es cuando más debemos mantener ese pulso, para vencer internamente las fuerzas del derrotismo y la inmediatez;  y externamente a los que nos oprimen, sin perder de vista que los que ostentan el poder están cada vez más lejos, y la gran mayoría de los venezolanos, cada vez más cerca.

La abolición de la esclavitud ya fue. La liberación de Venezuela aún está ocurriendo y ocurrirá, sin garantías, sin fechas, sin saber como será. Solo podemos seguir, marchando, luchando, defendiendo nuestros derechos, en la calle y en los espacios de la política, en las escuelas, en nuestras áreas de influencia, en nuestras casas, recordando a Cora, que un día, sola, en medio del frío, después de huir de unos crueles cazadores de esclavos, tropezó con un carromato que finalmente la llevó hacia el norte, donde pudo saborear la libertad.

 

 

 

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