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Breaking Bad. La serie que Roque Valero debe ver

Comenzaré por ser honesto. Este artículo no es sobre Roque Valero. Lo coloqué en el título solo para llamar la atención. Para cumplir el dogma que hay detrás de cada título que es enganchar al lector.

Roque Valero fue trending topic. Nacho lo puso en la palestra a raíz de una discusión que generaron en tuiter. Después miles decidieron participar en la conversación. Pero la verdad es que el título debió haber sido algo cómo: “Breaking Bad, la serie que todo chavista debe ver”, o más bien, “que todo enchufado debe ver”. Y es que si hacemos una reflexión sencilla Roque Valero no es el adversario, o mejor dicho el enemigo, para ponerlo en los términos en los que el oficialismo venezolano desfiguró la política, convirtiéndola en una guerra, es decir una antipolítica.

Breaking Bad, es una de las series televisivas más exitosas de los últimos tiempos, (Estados Unidos, 2008-2013) y aunque fue patéticamente traducida como Ruptura Total, la traducción real sería algo así como Volviéndose Malo.

Espero que sean muchos los lectores que hayan visto la serie, porque vengo duro como Spoiler, y es que no creo que exista una mejor metáfora que esta trama para que el gobierno de Nicolás Maduro y sus seguidores más poderosos, puedan ver su futuro inmediato, su final, decadencia y derrumbamiento. El programa es un ejemplo perfecto de que la vida está compuesta de ciclos y que los ciclos se terminan. La vida no es una línea recta, ni ascendente. La vida es más bien parecida a un electrocardiograma.  Sube y baja. Es imposible mantenerla siempre recta aún en estos tiempos históricos, que son largos y lentos.

Walter White es un profesor de química en una escuela secundaria. Da clases en la mañana. En la tarde trabaja en un Car Wash. El salario no le alcanza. Se entera que tiene un cáncer incurable en un pulmón y además su esposa Skyler queda embarazada a los 40 años.

Su expectativa de vida es de dos años. El panorama es desolador. Walter quiere asegurar el futuro de su familia y decide usar sus profundos conocimientos de la química para fabricar anfetaminas y termina creando el mejor producto que los drogadictos de Nuevo México hubiesen probado alguna vez.

Al principio cocinaba la droga en un viejo Motor Home que estacionaba junto a su socio Jesse Pinkman en cualquier lugar del desierto. Todo marcha muy bien. En poco tiempo comienza a ver mucho dinero. Hace cálculos. “Cuando llegue a un monto determinado, paro” dice Walter. Pero no. Nunca para. Porque esa es la naturaleza del hombre. Quiere más, se complica más y produce más. Se convierte en Pablo Escobar de las anfetas.

No tarda en aparecer la sangre. Mientras más dinero, más problemas. Mientras más problemas, más mentiras.

Hay dos elementos que van caracterizando el desarrollo del personaje. La traición es uno de ellos. White se convierte en un mentiroso perfecto. Un máquina de inventar. Una ametralladora de falsedades. Así se van creando dos mundos. El verdadero y el que el protagonista va creando día a día.

El otro elemento es el de una vida nueva que lo seduce sin parar. Walter abandona su vida tanática, rutinaria y triste, para descubrir lo erótico de la creación, lo diferente y lo inimaginable.  Traspasa límites jamás pensados. Se descubre a si mismo. Encuentra su lado oscuro y se enamora de ello. Renace en la maldad.

Viene a mi mente la imagen de aquel Hugo Chávez delgado, vestido de liqui-liqui azul claro, proyectando sus ideales en un programa de televisión. Aspiraba al poder. Lo soñaba. Pero no lo había alcanzado y finalmente lo logra. Dice que es por la igualdad de los pueblos. Una batalla contra la injusticia. No es malo. No suena malo. Quizás se volvió, se convirtió. Al igual que Walter White descubrió otro mundo. Uno que soñaba, pero que en realidad no sabía como era: el universo del poder.

El protagonista también descubre ese universo. Todo por su familia. Esa es la excusa. La gran mentira. como es el pueblo para Hugo Chávez y su entorno.

Walter se corrompe y Hugo también. Es demasiado. Mucho más de lo imaginado.  No son ellos solos. La corrupción invade todo el entorno. Los ministros, los gobernadores, los amigos. Se va de las manos.

No son solo los ministros. Skyler también. Al principio critica a su esposo. Pero luego ve tantos millones en efectivo  que se corrompe y usa sus conocimientos contables para lavar todos esos millones de dólares. Redime a su esposo comprando aquel Car Wash en el que Walter secaba los autos al salir de la máquina junto sus compañeros de trabajo, casi todos chicanos e indocumentados.

El mismo cuento que Huguito, Efraín, Franqui Francisco y tantos más.

La trama confunde al televidente. El personaje es tan astuto, que el anti héroe deviene en  en héroe dentro de la psique del espectador. Lo mismo ocurre con el  elector alrededor de Hugo Chávez, Nicolás Maduro y toda su pandilla. Lo están haciendo todo mal, pero por una buena causa. La metáfora de Robin Hood. Son villanos pero no tanto, piensan algunos.

Hacia la última temporada, la verdad se hace demasiado patente. El televidente está más claro y los electores también. Se convirtieron en demasiado malos. Walter pone en riesgo a su familia. Nicolás Maduro a todo un país. Sería riesgoso decir su país.

En los últimos capítulos White está claro sobre cual es su destino. Sabe que no podrá huir de esa realidad que él mismo creo y que ya no puede controlar a través de la violencia o la mentira. Siempre deja un atisbo de esperanza. Pero sabe cual es su final.

Lo mismo ocurre con los jerarcas del poder en Venezuela. Están claros sobre cual es su destino, pero hacen todo lo posible por huir de él. No se si están en el capítulo final. Pero seguro si en la última temporada.

En medio del ejercicio de la venganza Walter pierde la vida. En realidad se la quita sin querer. En esos últimos minutos y con las manos bañadas en su propia sangre, acaricia aquellas máquinas con las que amasó todo su poder. Sabe que fue por él. Que todo fue por él.  Al igual que lo saben ellos. Fue por ellos. Todo fue por ellos.

No fue por la familia. No fue por el país. Quizá se vayan también con su propia sangre en las manos, al igual que Walter, manchadas con la de quienes ellos juraron proteger por siempre.

Disculpen. Olvidé hablar de Roque Valero.

Fuente: @miguelsogbi

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